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sábado, 5 de julio de 2014

Diario de viaje - Londres, tercer día.


Esa mañana al despertarme, como cada mañana allí(ya se estaba convirtiendo en una rutina, una rutina jodidamente agradable, que odié abandonar), lo primero que hice fue elegir la ropa para el día e irme a la ducha, pero alteré un poco ese proceso y antes de ello me divertí un rato zarandeando al amigo que esa noche durmió conmigo para despertarlo; ese día nos esperaba un gran día en Oxford.
Recuerdo que dejé mi cama sin hacer, y dejé el pijama encima de ella porque ya íbamos tarde...
Se nos vino la hora encima y al final solo tuvimos 10 minutos para desayunar, y como ya me había tocado adquirir la picardía de una viajera, me puse a guardar comida para todo el día, cuando me vi interrumpida por un camarero alto, rubio y con ojos claros, que me miraba sonriendo. De modo que no pude hacer otra cosa, saludé, en español, y en cuanto me di cuenta intenté corregirme y lo hice en inglés; el chico se rió y empezó a intentar entablar conversación conmigo. Me preguntó cuántos años tenía, cuándo llevaba allí, de dónde venía(y al contestarle que de Sevilla se rió y me hizo gestos como denotando calor, y yo asentí), cómo me llamaba, y cuándo me iba. Total, que mi desayuno se vio interrumpido por una bonita charla con un bonito desconocido bastante simpático.
Salí del comedor y ya estaba el autobús esperándonos para llevarnos a Oxford, con una guía de América latina que mezclaba español, español latino e inglés; empezó a contarnos historias de Londres(y yo os aseguro que los primeros 45 minutos le hice caso, solo que ya no recuerdo nada)y todo el mundo aprovechó para dormir, aunque la guía no se callaba y nos jodía el sueño a todos y los profesores nos regañaban porque se sentía ofendida al ser ignorada, jajajaja.
Al llegar nos bajamos del bus y estuvimos visitando un campus universitario, si bien, lo único que vimos fueron los jardines, la iglesia y el comedor...
Después de esa visita nos dieron un rato de libertad y nos dejaron dos horas para comer, pero hicieron una cagada; nos dijeron que había un Primark en Oxford.
¿El resumen de eso? Que el grupo con el que iba yo, 6 personas, aprovecharon ese tiempo sólo y exclusivamente para comprar, sin tener en cuenta que no tendríamos más tiempo para comer, y como iba en grupo, me tocó joderme...
De camino a Primark nos encontramos con un chico disfrazado de panda y aprovechamos para foto.

El tiempo se nos vino encima, y yo llevaba tal cabreo que preferí no ir cargada hasta Londres con ropa de Primark, y comprar en el Primark de Londres al que nos iban a llevar cuando regresáramos de Oxford.
Mi almuerzo, que soy la que más tardaba en comer, se basó en comprar comida en McDonald's y comer en el autobús a escondidas, estuviera o no prohibido, no me importó, pues no me iba a quedar sin comer todo el día.
Cuando llegamos a Londres nos dejaron en Piccadilly, y os puedo asegurar que me enamoré.
Es cierto que Oxford no me gustó mucho, pero Piccadilly era el paraíso.
Nos dejaron solos dos horas y media y nos alertaron de que el Primark de allí estaba como a 4 kilómetros andando y que no nos iba a dar tiempo de ir, esperar la cola y volver, por lo que fui responsable y decidí quedarme dando vueltas cerquita de donde nos dejaron.
A mí se unieron dos amigos más, y realmente debo admitir que no
quise alejarme mucho de donde nos dejaron porque la inmensidad de todo aquello me abrumaba de una manera exagerada y no quise perderme, pero al fin y al cabo
estuvimos aprovechando nuestro tiempo allí. 
Después de eso nos hicieron ir andando hasta Trafalgar Square para cenar por allí, y si os hablo con total sinceridad, no recuerdo dónde cenamos.
La yo que no conocíais, con los cascos y gorras de amigos.

La yo que no conocíais, comiendo en el bus.

A partir de ahí tengo lagunas, y lo único que recuerdo es que en Trafalgar Square había un grupo de jóvenes apoyando a un equipo de fútbol y mi clase(chicos, en su mayoría)apoyaban al contrario, y nos volvimos a meter en líos, pero sin daños mayores.

Después de cenar volvimos al hotel, y para mi sorpresa y la de otra amiga, ¡nuestros pijamas habían desaparecido!
Así que cogí la camiseta que me dieron el día anterior, me la puse, y fui a quejarme a la habitación contigua, que era de profesores. En cuanto me vieron me obligaron a ponerme unos pantalones(cosa que me ofendió y no entendí, pues al ser baja la camiseta me quedaba enorme y me rozaba las rodillas...)y me aconsejaron que fuera a reclamar a recepción, y un amigo que pasaba por allí se ofreció a acompañarme, y así hicimos.
Reclamé en recepción y me subí a mi cuarto, cuando, para mi sorpresa, todas mis compañeras estaban en mi contra y una de ellas empezó a echarme en cara cosas como que yo solo había ido a Londres para guarrear con el chico que la noche anterior durmió conmigo, y todas decían que estaban súper incómodas con él y que esa noche no iba a dormir en mi habitación, a lo que contesté que quienes se 'van'(no lo pilléis literalmente)son los incomodados, así pues, que se lo dijeran ellas, ya que yo no tenía ningún problema con él.
Al final todo el mundo acabó enterándose de lo de la noche anterior(qué, recalco, no pasó nada, pues me gustaba, y gusta otra persona)y mi amigo no durmió allí esa noche, y todos se quedaron de juerga, solo que yo estaba hasta las narices de los comentarios que escuché sobre mí(lo más bonito que me dijeron fue guarra...)y decidí meterme en la cama y quedarme haciendo pucheritos, ya, ya sé, no fue la actitud más madura que pude tomar, pero así me salió en ese momento.
Las de mi habitación se fueron a otra a armar fiesta, y la mía se acabó llenando de chicos que intentaban putear a estas, y pues, por falsas, yo no iba a impedirlo, si bien, todos pensaban que yo dormía, hasta que en un momento en concreto se me escaparon risitas...
Todos acabaron acosándome a preguntas y diciendo afirmaciones de las que no sabían nada, así que, harta, los invité a salir amablemente de la habitación, y como no lo hacían, los eché, literalmente, yo, de ella.
Como aún seguía sola me puse a buscar el pijama, y para mi sorpresa apareció en un compartimento de la maleta que no tenía candado, al igual que mi bolsa de la ropa sucia, que perdí(por culpa mía esta vez), mientras buscaba el pijama. 
Después de todo eso, me fui a dormir ya en serio, y al poco aparecieron todas mis compañeras de cuarto, y una de ellas me vino a preguntar si me pasaba algo, a lo que yo lo negué sin ni siquiera abrir los ojos y con la voz entrecortada y ella vino a mí y me dio un beso casi en la comisura de los labios y me dijo al oído: buona notte principessa. En ese momento no me salió otra cosa que sonreír; no sé si por lo falsa que estaba siendo conmigo o por lo de que casi me come la boca(intencionadamente o no, no lo sé).

Ah, se me ha olvidado añadir que esa noche ellas habían estado haciendo travesuras en los cuartos de los chicos, y que los chicos querían venganza...
Y que también, el amigo con el que dormí, estuvo discutiendo con esta misma que me dio las buenas noches...

Piccadilly.




Piccadilly.












¡Hasta aquí mi tercer día!
En unos días publicaré el cuarto, muacksss.

lunes, 23 de junio de 2014

Diario de viaje - Londres, segundo día.

Viendo que el primer post de mi viaje no tuvo mucho éxito y me harté de escribir he decidido no ser tan detallista y contarlo todo más generalizado, pues sinceramente me parece una pérdida de tiempo y solo una manera de desilusionarse el poner mucho empeño a algo y que no sea 'reconocido', así pues, sin más, voy a contaros mi segundo día allí.

Por cierto, fallo mío, la noche del primer día se ducharon todas mis compañeras al llegar al hotel, pero como no se ponían muy de acuerdo y yo parecía ser la más pasiva y pasota de todas(y madura, si me dejáis no ser humilde diciéndolo), decidí despertarme antes por la mañana al día siguiente para ducharme y no entrar en pelea.
Ah, y también, en el bus Sevilla-Málaga nos regalaron unas camisetas azules enoooormes de la agencia de viajes.

Esa mañana el grupo se dividió en dos, los que iban a Stamford Bridge(Estado Chelsea F.C) y los que íbamos, en teoría a Hyde Park.
Los que iban al estadio salieron antes que los que íbamos a Hyde Park, así que a la hora del desayuno éramos cuatro gatos mal contados. 
El desayuno era de bufete libre, y con lo especialita que soy yo para las comidas, y siendo nueva en ese tipo de vida, apenas comí. Y dejé mi mochila y mis cosas en una mesa, con la idea de que nadie se sentara allí, pero ese mismo día descubrí también que los ingleses no respetan ese tipo de cosas, y en cuanto me di la vuelta ya había gente que había cogido mi mesa, y tuve ganas de rebelarme, claro que las tuve, el caso es que no siendo mi idioma, me acobardé un poco y decidí callarme. 
También descubrí que los ingleses no tienen ningún tipo de reparo en decirle a alguien que es bonita sin ni siquiera conocerla, y no fue un hecho que me molestara, lo que me molestaba era la cara de lerda que se me quedaba irremediablemente por no saber qué ni cómo responder(y no porque no supiera, sino porque me quedaba bloqueada), y, con esto lo que quiero decir es que varios camareros entablaron conversación conmigo y viendo que no me manejaba en el idioma, decidieron que hablara el idioma universal: sonrisas, miradas fijas y adioses con nombre propio en la despedida.
En principio los que no íbamos al Estado del Chelsea íbamos a Hyde Park, pero los profesores que vinieron con nosotros vieron más viable ir a Camden Market, y allí fuimos, y, ¡no pude enamorarme más del sitio!
Todo el mundo era muy simpático, y es tipo los mercadillos españoles, pero más barato aún, y sin gente gritando(esa es la mejor parte), ah, y enorme, y cuando digo enorme me refiero al doble o el triple del tamaño de los de España.
Foto de la calle de enfrente a Camden Market
Entré a un puestecito en concreto y recuerdo que el hombre de él empezó a coquetear conmigo, y en principio me hizo gracia, pero yo iba con un amigo, y a ese amigo empezó a preguntarle que cómo me llamaba yo, que si era su novia(el amigo del que os hablo era gay, todo fueron risas cuando le preguntó eso sobre mí), que cuántos años tenía, y un largo etcétera.
Al final acabó ofreciéndonos camisetas y sudaderas, si bien, a él le dijo que cada una 8 libras, y a mí me dijo que me las dejaba a 4, y no, no estaba de broma. Solo qué, desafortunadamente, no me gustó ninguna como para comprarla.
Una profesora fue a probarse un vestido en una tienda de al lado, y, cómo no, salió la Patricia artística que tengo escondida, y encontré unos escritos en el suelo, y un hombre muy majo que había por allí estuvo contándonos que depende de la calle que sea, a veces, la policía da permiso para pintar en la acera en unos días concretos que ellos mismos estipulan.
Después de ver Camden Market por encima, fuimos a una calle que había por allí dejada de la mano de dios, también con muchos puesticitos, pero que ya no pertenecía a Camden Market, y seguidamente nos fuimos a la aventura de dar con Harrods.
Y digo a la aventura, porque encima nos perdimos... Y bueno, perderse, en muchos contextos, es encontrarse, o al menos, encontrar otros caminos, y eso fue lo que pasó con nosotros; fuimos haciendo un tour por tiendas que tenían pinta de ser carísimas, y por millones de restaurantes a cual con mejor pinta, y con una tienda que me dejó un poco impresionada por su escaparate, y decidí guardar el momento para la posterioridad. 
Después de perdernos bastante, llegamos a Harrods, y antes de entrar, nos dimos de bruces con algo que era bastante impactante.
Harrods me gustó, pero estábamos todos tan cansados ya, a pesar de ser temprano que tampoco es que hubiera hecho mucho caso a todo, aunque sí que hice algunos amigos...


Por cierto, me quedé con ganas de comprar alguna de estas cositas tan monas, miradlos. El problema es que eran una clavada, y el segundo problema es que no sabía si me iba a sobrar dinero(a pesar de que llevaba bastante)si seguía gastando dinero de la manera tan desorbitada como lo hacía.

En Harrods estuvimos dando vueltas horas y horas, pues habíamos perdido a medio grupo, y los que se supone que estaban en el campo del Chelsea habían desaparecido en combate y no venían, todo un caos. Pero bueno, todo fue genial, a pesar de todo y todos.
Todo el tiempo que estuvimos esperando dentro de la tienda estuvimos dando vueltas por las partes en las que se vendía comida, y probamos chocolate(que a mí me recordó mucho al de Nestlé con leche normal)y queso, que estaba riquísimo, pero no era plan de traer a España una cuña de queso...
Después de Harrods fuimos a comer a un McDonald's, y la gracia fue que, ¡las hamburguesas no son las mismas! ¡Ni siquiera los McFlurrys! 
Pero ese día teníamos un ticket de descuento en una hamburguesa específica que sí hay también en España, y casi todos compramos la misma.
Seguidamente teníamos planeada un crucero por el río Támesis, pero como aún nos sobraba tiempo decidimos pasar antes por el Big Ben y quedarnos por allí un rato. 
El crucero transcurrió genial, aunque me daba miedo el subir al barco, porque el embarcadero se movía demasiado, pero al subir al barco casi no se nota que nos movíamos, e hice fotos preciosas mientras estábamos en él. Había un hombre que contaba historias sobre Londres y tal, pero sinceramente la mayoría estaba tan cansado que usó esas dos horas para dormir.


Después del crucero estuvimos de nuevo cerca del Big Ben, donde me permití hacerme una foto con la noria, que veríamos días después.


Luego tomamos camino hacia Leicester Square, donde íbamos a cenar y a estar el poco tiempo de la tarde que nos quedaba. Por supuesto que mi viaje no hubiera sido mi viaje sin habernos perdido 345433 veces, y como se intuye por lo que acabo de decir, sí, yendo a Leicester Square nos perdimos. Estuvimos vagabundeando en bocas de metros y montándonos en metros y luego saliendo a contrarreloj con miedo a que se nos cerraran las puertas, porque no dábamos con la parada en la que había que bajarse para ir al sitio al que íbamos. En Leicester Square estuvimos visualizando todo y luego decidimos comer en Burger King, que aunque no me gustase, era lo único que sabíamos que era barato, y yo me quedé con una amiga y un amigo en la planta de abajo mientras un grupito de unas 6 personas fue a las otras plantas. Cuando elegí la mesa me fijé que dos mesas más hacia la derecha había un señor mayor un tanto desaliñado con actitudes de estar esperando a alguien, pero como tampoco podía hacer nada ni dominaba tanto el idioma como para atreverme a hablarle, decidí hacer caso omiso y esperar a que Josan nos trajera la comida a mi amiga y a mí. Mientras comíamos, me di cuenta de que ese hombre nos ojeaba y cuando le devolvíamos la mirada agachaba la cabeza y miraba para otro lado, y me decidí a decírselo a mis amigos, que me dijeron que pensaban lo mismo, y le dijimos a Josan que le preguntara si quería comida, en vista de que nosotros ya no íbamos a comer más; estuvimos pidiéndole que por favor se lo ofreciera una hora y media, y al fin accedió y se lo dio. El señor nos lo agradeció mucho y empezó a comer lo que nosotros ya no queríamos, y no pude sentirme mejor persona en ese momento.
Después de eso, nos fuimos fuera y acabamos mirando a un chico, muy mono, por cierto, que jugaba con un balón, e incitaba al público a quitárselo, cosa que nadie conseguía, mientras el balón no tocaba el suelo(que por cierto, hace unas semanas vi en el telediario a ese chico en el mismo sitio que lo vi yo y me dio una nostalgia de tres pares de narices).
Habíamos quedado con los profesores en el mismo sitio en el que nos dejaron a las 23:30, pero viendo que no llegaban, todos los que íbamos hicimos un corrillo en medio de la calle y, espontáneamente, se formó un grupo de chicas que bailaban sevillanas, y, no sabemos cómo, la cosa se fue animando, empezó a venir gente, y más gente, y nosotros empezamos a poner música, y a cantar, y a tocar las palmas... Y cuando nos dimos cuenta teníamos a un montón de musulmanes, anglicanos, chinos, noruegos... Mirando nuestro espectáculo. Las chicas que bailaban cada vez se venían más arriba, y al final todos empezamos a animarnos y acabamos grabándolo, e incluso los que nos miraban nos grabaron a nosotros, y nos preguntaban de donde éramos, e incluso alguno se animó a aprender a bailar. Ah, y también nos echaban dinero...
Llegó un momento en el que ya se les fue de las manos de una forma exagerada y empezaron a levantarse un poco la camiseta, y al segundo, al lado de los chicos de mi curso, que ni bailaban ni cantaban, se reunieron un montón de tíos que les preguntaban si las que bailaban eran putas y que cuanto cobraban... JAJAJA.
El show nos duró más de una hora, y porque vino la policía y todo porque la que estábamos armando no era normal, pero hasta ellos se quedaron bailando y hablando amigablemente con nosotros(y en ningún momento nos dijeron que paráramos). Tengo vídeos de esto, pero no fotos, y es un total desperdicio que no pueda enseñároslo...
Después de todo lo dicho, nos fuimos al hotel en metro(a contrarreloj, porque cuando íbamos a subirnos justo lo estaban cerrando). Y al llegar las de mi habitación empezaron a ducharse y tal, y yo seguí con mi filosofía del día anterior. 
Un amigo, que estaba en una habitación llena de chicos, quiso venir a mi habitación a dormir porque en la suya no lo dejaban ya que armaban jaleo y con el ritmo de días que llevábamos el no dormir era un suicidio, y bueno, dejé que viniera a dormir al cuarto, pero todas las de mi habitación me obligaron a acceder a que si venía, iba a dormir en la misma cama que yo(cama de matrimonio)y como no soy alguien con demasiados prejuicios y sabía que entre nosotros no iba a haber nada, accedí(cosa que dio mucha cola...).


Acera de Camden Market


Escaparate que vi yendo a Harrods



Con lo que nos encontramos antes de entrar a Harrods





¡Hasta aquí mi segundo día en Londres! ¡En unos días publicaré el tercero, muaks!


viernes, 20 de junio de 2014

¡Hola amorcitos!
Como era de esperar, yo me parezco a Cheshire, aparezco y desaparezco...
Pero a eso creo que habéis tenido tiempo de acostumbraros, y bueno, pues, aquí estoy de nuevo, ya sin exámenes, ¡y con un pie en el curso siguiente!
No sé qué tal habrán sido mis notas, pero me imagino que no muy desastrosas, pues me he esforzado bastante.
Solo quería deciros que seguiré con mi diario de viaje, y que cuando termine con ello, lo próximo con os daré a conocer de mi vida es... ¡Otra reseña de otro libro!
Porque si algo echaba de menos, era tener tiempo libre para leer.

¡Nos leemos pronto! (Prometido)

viernes, 30 de mayo de 2014

Diario de viaje - Londres, primer día.

Como os prometí, ya vengo con el diario de viaje de mi primer día en Londres, ¡que mucho me ha costado escribir! ya que cada vez los recuerdos son más espaciados y menos detallistas, ya sabéis, el tiempo, el tiempo tiene la culpa de todo... Por ello, yo, no voy a dejar que el tiempo se coma mis recuerdos, y a parte de dejároslo aquí por escrito, también me lo dejaré escrito a mí misma para tenerlo más a mano cuando quiera recordarlo todo. 
Es bastante largo, porque no solo me he limitado a escribir lo que os interesaría leer a vosotros, sino que he escrito todo lo que vivió una de las personas de las 33 que fuimos(contando con los profesores). 
Fuimos 33 personas, y vinimos con 33 visiones únicas y diferentes a las del resto. Yo aquí os dejaré que conozcáis la de una. 

Dormí bien esa noche, los nervios no pudieron conmigo, y aquello empezó a sonarme raro. Acorté mi ducha a media hora, y me puse a terminar de meter trastos en la maleta y la mochila. Llegué la antepenúltima al bus, cuando yo llegué ya había un montón de madres y de niños esperando para irse, y el bus también estaba. Empecé a ver el panorama y a arrepentirme de haber decidido ir; pero la sensación no me duró más de hora y media. A la altura de Estepa paramos para desayunar, aunque yo ya había desayunado, y aún así tenía hambre, pero preferí no comer. Estuvimos allí un buen rato y estuve hablando por teléfono con mi madre para saber qué tal estaba. Después el bus volvió a irse y pasadas unas horas llegamos a Málaga. Ahí empecé a odiar y temer el momento de pesar la maleta, aunque ya la había pesado en casa y no sobrepasaba los diez kg's. Despachamos las maletas, y entre hacer el ganso y sacar banderas de equipos de fútbol en pleno aeropuerto y un par de fotos, nos vimos obligados a comer allí porque el avión llevaba una hora y media de retraso. 
Yo prefería ir sobre seguro y comprar sándwiches en Starbucks a comer en Burger King y quedarme con hambre y tirar dinero ya que no me gusta la comida, pero cuando lo compré me fui a Burger King a comérmelo allí porque la gente con la que iba quería comer allí. En el aeropuerto tuve mi primera impresión con eso del idioma, a pesar de que siguiera en España, y pensé que el resto iría a ser una catástrofe; pero me equivocaba. 
Pasado toda esa chorrada de tiempo, nos dieron los asientos y la hora del vuelo, y mi clase se convirtió en un júbilo de gente preguntando qué números tenía cada uno. 
Yo ya iba a la defensiva porque sabía que me iba a tocar hacer de psicóloga con alguno que no había montado nunca en avión e intenté sonar lo más convincente posible en eso de que íbamos a llegar enteros. A mí me tocó ir con Félix y con Josan, pero esa era la teoría, en la práctica no fue así.
Mientras esperábamos para subir y no al avión, nos fuimos a la zona en la que despegan y aterrizan los aviones, y me dio miedo estar allí. 
Me daba miedo pensar que a cualquier momento podía pasar cualquier cosa y que yo estaba tras ese cristal para divisarlo todo en primera fila. 
Cuando entramos al avión todos saludamos en español, y para nuestra sorpresa, nadie hablaba español.
Nos empezamos a abrochar cinturones y bla bla bla y yo estaba cagada, aunque aparentemente estuviera tranquila, tardó muchísimo en despegar, más de lo que yo me imaginaba que tardaría, y empecé a ponerme más nerviosa aún. Cuando arrancaron motores y todo ese rollo empezó a oler a quemado, para hacer más inri a mi miedo inoportuno que yo en el fondo sabía que no tenía. Para ir para allá me tocó el 35B, que era al final de la cola, y en medio. Cuando por fin despegamos me puse más atacada aún y no pude hacer otra cosa que no fuera estirar el brazo y apretar la mano a Josan, que no quitó mi mano de la suya. Cuando ascendimos y ya habíamos cogido estabilidad y todas esas cosas normales, Félix se fue de su sitio, y su sitio lo ocupó Óscar. El viaje se me hizo eterno, pero bastante ameno. Y le fui dejando de tener miedo a eso de encender el móvil y escuché música y todo.
El vuelo transcurrió entre fotos, canciones, gente dormida, y un par de ofensas por parte de Josan(ofensas insignificantes que yo me tomé muy a pecho por el trasfondo que tenían, y tienen); yo le llamé Blanquito porque me suena horrible eso de Josan, no le pega. Y él, vio mis tobillos, y se dio cuenta de que no tengo el tobillo hacia fuera, como la mayoría de los mortales, sino que tengo un bulto, y más abajo un hueso casi imperceptible. Y a partir de ahí empezó a preguntarme si de pequeña había estado gordita para tenerlos así, y esa fue la gracia de todo el tiempo que pasé de viaje, porque no hizo más que dar la lata con ello(aunque parece que vio que me dolió e intentó arreglarlo). Cuando el avión aterrizó estábamos impacientes, no veíamos el momento de bajarnos, momento que tardó como unos 20 minutos, por cierto. 
Al bajar tuvimos que volver a dar los pasaportes y empecé a socializar con gente de allí, que en un principio me entendían. Cuando todos dimos los pasaportes nos fuimos a por las maletas, y para nuestra sorpresa la mayoría venían rotas, sucias, o sin ruedas. 
Estuvimos esperando a que Pepe(profesor)pusiera la reclamación de la rueda de su maleta, y mientras estuve divisando el terreno. 
Recuerdo que el primer chico con el que tuve contacto visual detallado allí fue un chico alto moreno y con ojos verdes, y después de sonreírle al chico y de no obtener una sonrisa como respuesta, recuerdo que me fijé en unas cabinas de teléfono, y vi que en vez de ser rojas como las pintan, eran negras. Me decepcioné y omití la foto, aunque algunos sí que la quisieron, y le pidieron a unas chicas que se la hiciera, y para su sorpresa las chicas se fueron riéndose y les dijeron que aprendieran a hablar inglés, que su inglés era muy malo; no me alegré, pero, cada uno tiene lo que se merece, ¿no?
Cuando Pepe terminó de reclamar lo de la rueda fuimos a buscar el bus, y el chófer súper amable había bajado del bus para meter nuestras maletas en el maletero, cosa que en España nunca veré. 
Lo primero que me llamó la atención de allí fue lo de los coches, eso de que tengan la dirección en el sitio contrario a nosotros. 
En cuanto salimos del aeropuerto empecé a ver prados y prados y alguna que otra casita rural, a lo película, y en ese momento supe que no iba a ser la última vez que pisara aquella tierra. 
A medida que íbamos avanzando e íbamos viendo granjas y prados, empezaron a aparecer también vacas. Pero incluso las vacas me parecieron diferentes a las de España, y me reí de mi pensamiento tonto. Pero, en serio, eran las típicas vaquitas de los anuncios de Milka, ni muy gordas, ni muy delgadas, y encima con manchitas negras, manchitas que parecía que habían colocado a consciencia justo en el sitio clave para que parecieran de Milka. Ni qué decir tiene que me enamoré de todo lo nombrado, y empecé a hacer fotos a todo.
El trayecto de aeropuerto-hotel
era de una hora y media larga, si mal no recuerdo, así que en ese tiempo pude hacer muchas fotos, incluso conseguí selfies con personas a las que no les gustan las fotos.
El bus nos dejó justo delante de la puerta de nuestro hotel; London City Hotel. 
La primera impresión del hotel fue mala, no me gustaba la calle(cosa que pensé que se me pasaría, pero no fue así), y tampoco me inspiraba mucha confianza la fachada de hotel; pero me dejé llevar por mis emociones y corrí autobús abajo a esperar tranquila 
y pasivamente que alguien bajase mi maleta del maletero.
Ese alguien no tardó mucho, y esta vez, ese alguien fue Óscar.
Cuando todo el mundo bajó su maleta entramos al hotel. Las puertas eran de estas de supermecado, ¿automáticas? Sí, creo que se llaman así. Al entrar todos los de recepción nos saludaron, en inglés, por supuesto, y pasados unos minutos nos dieron las llaves de nuestras respectivas habitaciones. 
La mía estaba en la primera planta, y era la 111. 
Los ascensores, que había dos, uno era para ocho personas, y otro para tan solo 4, que era el que nos pillaba más cerca de donde estábamos. Y, adivinad... Nos subimos seis personas en un ascensor de 4; los profesores empezaron a echarnos la bronca, pero ya era tarde, y tras unas cuantas sacudidas y movimientos bruscos del ascensor, llegamos a nuestra planta. 
Me di cuenta de que la puerta de lo que se suponía que era nuestra habitación, tenía una plaquita muy bien decorada en la que había inscritos dos números: 111 y 109, y ese hecho empezó a darme que pensar, al menos los segundos que tardaron las demás en girar el pomo de la puerta para abrir. 
Cuando abrieron la puerta vimos que había una habitación contigua a la nuestra, pero no le dimos mucha importancia.
Cuando abrieron la puerta de nuestra habitación nos topamos con cinco camas mal posicionadas, pero aún así de forma atrayente, y con un ventanal que ocupaba al menos la mitad de la pared. Mi primera idea fue elegir alguna de las que estaba abajo, pero mi mente se adelantó y me hizo pensar lo típico de las películas: ¿y si entra alguien? ¿y si les da por dejarla abierta y paso frío? Y ya no me dio tiempo a pensar más, porque empezaron a elegir camas; al final me quedé con la del medio, es decir, la más cercana a la ventana, pero no de las que estaban debajo de ella.
Estuvimos husmeando un poco el cuarto y el baño, muy desaliñado, por cierto, y dejamos las maletas allí.
Cuando salimos del hotel estábamos la mitad muertos de cansancio y de sueño, y acabamos moviéndonos por emociones(y así nos salió).
Los que salieron más deprisa se fueron a la entrada del hotel, y como todavía faltaban los profesores por bajar, los demás nos unimos a ellos y esperamos fuera también. Recuerdo que estábamos la mayoría de nosotros abajo, y pasaron dos chicos mal vestidos y con gorras al lado y pantalones cagaos', y una chica no tuvo nada mejor que decir: mirad, estos parecen los chunguitos del barrio. Y vale que no la entendieron, pero al decir eso, las 20 personas restantes exceptuándola a ella nos quedamos mirándolos, y de la nada esos chicos se giraron hacia nosotros y nos provocaron a acercarnos a ellos para que nos pegaran, a la misma vez que nos decían 'fuck you' y más insultos que no entendíamos... Se llevaron así unos cuantos minutos, y la tensión se cortaba con un cuchillo, pero al recordarlo después nos reíamos. Cuando los profesores bien creyeron oportuno aparecieron, y no sé dónde fuimos, sinceramente, estaba aturdida de todo el viaje y de estar allí y demasiado incrédula viéndolo todo que ni me lo creía.
Solo sé que cogimos la calle del hotel en línea recta, y empezamos a callejear. 
Pasamos por unos maceteros gigantes de los que me quedé prendada e hice dos fotos, y también por una iglesia o algo así, importante también, e hice otra foto, a prisas, por supuesto, porque todo el grupo no iba a esperar a cuatro personas que quisieran sacarse una foto...
Después de callejear un rato acabamos llegando a una explanada gigante con banquitos y mapitas por todos lados, y en la que a lo lejos se veía una de las torres del puente de Londres, o Tower Bridge.
Mi clase decidió bajar al embarcadero de esa explanada, justo al lado del río Támesis, pero era tarde, y estaba muerta, así que decidí quedarme con un amigo y una amiga y nos fuimos a sentarnos a un banco en el que a lo lejos se veía perfectamente el puente, y mientras mi clase veía el embarcadero, yo y estos dos hacíamos fotos. 
Detrás del banco había un hotel lujoso, del que caía agua de la pared: era de noche, apenas había gente, todo estaba en calma y en silencio, solo oíamos el rumor del agua caer y nuestra conversación, y solo veíamos las luces del puente y de esa pared de la que caía agua; ese, ese, por el momento, es mi rincón favorito de Londres. 
Tal vez fuera por lo mágico del primer día, por el cansancio y la tensión acumulados, pero me llegué a sentir totalmente en calma conmigo misma, como si hubiera vuelto a nacer por un momento. Y fue genial.
Cuando el resto de la clase volvió nos llevaron a un restaurante en una calle céntrica: el restaurante era un óvalo de luces, y con cristales transparentes. Era un restaurante italiano, y como italiano que era... ¡Pedimos pizza! 
Lo cierto es que a mis compañeros de mesa se les fue un poco la pinza con el tamaño, y nos encontramos con el tamaño de una pizza familiar para cada uno... O sea, seis pizzas familiares...
(aquí las impactantes fotos de las pizzas).
Mientras que llegaba la comida me dio por pensar. Y con el ajetreo del viaje y tal no había llamado a mi madre aún para decir que estaba bien, y encima se me había apagado el móvil hacía largo rato por falta de batería...

Tal como lo pensé hice el comentario, y creo que tenía tan mala cara que me ofrecieron un móvil y me obligaron a llamar. En cuanto llamé me lo cogió mi madre, y nada más escucharla no pude reaccionar de otra manera que no fuera pedir disculpas en bucle y hacer pucheritos. 
Y era cierto, lo sentía en serio, no puedo imaginarme la idea de dejar viajar a un hijo mío y que me diga que me va a llamar en cuanto llegue y no obtener llamada suya en todo el día...
No pude sentirme peor persona. 
Pero tampoco era culpa mía, no podía haber hecho otra cosa... 
Estuvimos hablando seis minutos y medio, y en esos seis minutos y medio mi estrés y mi tensión se vieron obligados a salir, y plof, empecé a llorar en una mesa llena de gente. 
De gente que nunca me había visto llorar. Y de gente que sorprendentemente no paraba de ofrecerme pañuelos y de murmurarme que era muy bonito eso que me estaba pasando. 
Cuando colgué, al poco tiempo llegaron las pizzas, y empezamos a comer, mientras, ellos mantenían una conversación en la que yo no participaba, pero me reía, sí, porque, eran personas que yo conocía, quisiera o no aceptarlo, y jodido destino, que me había llevado otra vez a ellas después de tantas veces decir 'de este agua no volveré a beber'.
Seguro que en vuestros respectivos cursos no falta la típica persona espabiladilla que quiere ser diferente al resto, ¿a que no? Pues en mi curso tampoco, y hubo la típica graciosilla a la que no le gustaban ni la pasta, ni la pizza, y era un restaurante italiano...
A los profesores les dio pena y decidieron ir a buscar un Burger King, pero habían como cinco personas que nos negábamos a recorrer Londres solo porque a una persona le diera por hacer la gracia, así que un profesor se vino con nosotros y nos fuimos en metro hasta el hotel. Mi primera experiencia en metro allí fue alocada. Los metros allí suelen cerrar a las doce, e íbamos con la hora en el culo, y para todos nosotros excepto para el profesor, era la primera vez que nos subíamos a un metro que no fuera de España.
En el metro estuvimos creo que tres paradas dentro, y luego, al salir, en un semáforo muy cercano al hotel, vimos cómo llegaban el resto de nuestros compañeros y profesores. 
Después de eso nos fuimos al hotel, cada uno a su habitación, y poco tiempo después ya la empezaron a liar. Y digo empezaron, porque soy una persona tan sumamente tranquila que ni en los viajes de fin de curso la lía. 
Me puse a cargar el móvil, y mientras fui a la habitación más cercana que teníamos, sin contar la 109, qué, adivinad, pertenecía a dos profesores. 
Estuve inspeccionando la habitación 113 y vi que era mucho más amplia que la que nos había tocado a mis compañeras y a mí, y me fijé en que alguno de mis amigos ya había puesto la bandera de un equipo de fútbol en la pared. No estuve mucho tiempo allí, porque me echaron, no literalmente, pero la acción que tuvo un amigo conmigo no me gustó, y decidí irme. Esa noche sé que pasó algo con unas habitaciones, en plan, que mis compañeros estuvieron llamando a todas las puertas de las habitaciones del hotel para encontrarnos al resto de compañeros, y que dos parejas fueron a quejarse a recepción y un chino empezó a perseguir a los de mi curso por el pasillo y diciéndoles que no corrieran, pero eso son todo cosas que me han contado; yo en esos momentos aún no creía estar a kilómetros de mi casa, y seguía fantaseando(despierta o dormida, no lo sé)sobre ello.









viernes, 23 de mayo de 2014

¡Más vale tarde que nunca, y aquí estoy yo para recordároslo! (Y espero estar por mucho más tiempo).
Mi ausencia de estas semanas se ha originado por algo que ha valido mucho la pena... Pero mucho mucho... ¡He estado visitando Londres! Así es, he estado en Londres 4 días, y antes de esos 4 días, estuve de exámenes, de maletas... Bueno, el pequeño cajón de los DESASTRES de Pat, ya lo dije...
Estoy haciendo un diario de viaje(sí, ahora, porque en mi estancia allí no tuve tiempo), que publicaré en cuanto acabe, que espero que no tarde mucho, por cierto.
Ah, compré varias cositas, y estuve visitando el Primark de Oxford Street...
Tengo tantas cosas que decir que no sé ordenar mi mente para que formule cosas con sentido; así que solo diré que me he enamorado de Londres, que Madrid ya no es la ciudad más bonita que conozco, y que espero volver, pronto, más de lo que todos os pensáis.
(Os dejo esta foto solo para intentar abriros 'el apetito' de todo lo que viene tras ella)

martes, 6 de mayo de 2014

Por trece razones - Jay Asher.

¡Hola cielos!
Ya dije que era una rata de biblioteca hace algunos post, y ... ¡He terminado otro libro!
El libro se llama Por trece razones, y me ha abierto un poquito más los ojos hacia temas que no ignoraba, pero que sí que pasaba de ellos de vez en cuando.
Os dejo con su reseña:

Título: Por trece razones.
Autor: Jay Asher.
Editorial: Pocket Ámbar.
Argumento: A veces hacemos las cosas sin pensar, sin pensar en cómo pueden afectar a otros nuestras acciones o nuestras palabras, y lo cierto, y lo triste, es que lo hacemos demasiado a menudo.
Nadie nunca pensó en Hannah Baker, y si lo hizo, no se lo dijo, y ese fue el error. Hannah empieza su vida de cero, en otra ciudad, otro instituto, y se da cuenta de que las cosas no le van como pensaba.
Hannah toma una decisión, y en su decisión, la decisión de cambiar la vida de otras trece personas para siempre. Clay Jensen, un adolescente de instituto normal, llega a casa y encuentra un paquete lleno de cintas de casette, de cintas de casette que van a cambiar su vida y la de otras tantas personas. Cintas en las que escucha la voz de una adolescente, ex compañera de instituto, que se suicidó hace semanas. A Hannah no se molestaron en oírla con vida, pero que esté muerta no va a hacerla callar...

"Si escuchas una canción que te hace llorar y no quieres llorar más, no vuelves a escuchar esa canción. Pero no puedes escaparte de ti misma. No puedes decidir no verte más. No puedes decidir apagar el ruido de tu cabeza."


Opinión personal: Es el primer libro que leo de Jay Asher y ya estoy deseando devorar otro de él, me encanta la forma que tiene de contar las cosas y ciertos detalles del libro que podréis observar si lo compráis en físico. La historia me ha mantenido en vilo varias semanas, y me ha dejado intrigada hasta el punto de quedarme leyendo hasta las 2 de la mañana sabiendo que al día siguiente madrugaba. Es de ese tipo de historias que todos deberíamos leer alguna vez en la vida.
Totalmente recomendable. 

¿Os gusta leer? ¿Qué tipo de libros leéis? ¡Espero haberos despertado la curiosidad por esta conmovedora historia!




viernes, 2 de mayo de 2014

¡Mini compra!

¡Hola!
Sí, un poco tarde, pero, ¡hola! Sinceramente la última vez que dije que íbais a tener dos entradas o más en la misma semana, cuando fui a escribirlas, pues no me apetecía, y como no soy de hacer nada obligada, no las publiqué.
En la entrada de hoy me paso para enseñaros las últimas cositas que he comprado: 

 Este gloss fue fruto de que una amiga me informó de que en Essence había ofertas de algunas cosas, y como yo soy amante de los gloss, pintalabios y pintauñas rojos... No me pude resistir.
Su precio fue de 1,29€.
¿No os parece genial?
Creo que este producto ya os lo enseñé una vez, solo que os enseñé uno de Kiko, pero como no estoy segura, os cuento cómo va.
Es un quitaesmaltes, como veis, tipo botecito, que tiene cuatro esponjitas cortadas, con un agujero en medio de ellas, y con acetona empapada en éstas.
La idea es que al meter el dedo y rozarlo con una pared de las esponjas, acabes sin esmalte.
Debo admitir que comparando este y el de Kiko, me quedo mil veces con este, ya que después de usarlo se te queda un olor súper sjabsha en las uñas, y encima cuesta mucho menos que el de Kiko.
Su precio fue de 3,79€.

Y por último estos dos monederos de los que estoy enamorada: 
Ambas son de Pull and Bear, y me costaron 2,99€ cada. ¿No os parecen una monada?*-*

¡Hasta el próximo post!